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Sabemos que hay pocas sensaciones tan placenteras como la de relajarse en el sofá de casa y disfrutar de una peli con una copa de Viña Costeira en mano.

Ya nos advertía Fellini: “Un buen vino es como una buena película: dura un instante y te deja en la boca un sabor a gloria; es nuevo en cada sorbo y, como ocurre con las películas, nace y renace en cada saboreador.”

Así que, si te gusta el cine y, además, eres amante del vino. ¡Descorcha tu Costeira favorito, haz palomitas y sigue leyendo! Traemos una recopilación de las mejores películas ambientadas en la cultura vinícola. Peliculones que han hecho historia y que todos deberíamos ver, por lo menos, una vez en la vida. 3, 2, 1…¡Acción!

Encadenados, de Alfred Hitchcock (1946).

Devlin, (Cary Grant), un agente del gobierno norteamericano entabla relación con Alicia Huberman (Ingrid Bergman), hija de un espía alemán recién encarcelado, y le propone trabajar para su país en Río de Janeiro. La misión es seducir a otro alemán, Alex Sebastian (Claude Rains), que años atrás estuvo enamorado de ella, pues es una de las bases del nazismo activo que opera tras la guerra. Una misteriosa botella de vino pondrá la primera nota de inquietud en la tensa labor de espionaje de Alicia y se sucederán las emocionantes escenas en una gran bodega.

Marcelino, pan y vino’, de Ladislao Vadja (1954).

Después de una larga guerra, un bebé es abandonado a la puerta de un convento de frailes franciscanos que intentan, sin éxito, buscarle una familia. Marcelino se hace amigo de un Cristo crucificado que hay en el desván del convento: habla con él y le sube de la cocina pan, vino y otros víveres que puede encontrar. Uno de los mayores éxitos comerciales y de crítica del cine español de la época.

Días de vino y rosas, de Blake Edwards (1962).

Uno de los dramas más sinceros e intensos sobre alcoholismo y con Jack Lemmon y Lee Remick en un cara a cara antológico. Una historia de amor entre dos protagonistas con trayectorias distintas y aparecerá el triángulo que tanto encontramos en nuestras vidas, la relación en tríada entre Joe, Kirsten y la botella, el síndrome de dependencia.

Un clásico de la historia del cine. Nominada para 5 Oscar de Hollywood, fue Ganadora del Oscar a la Mejor Canción 1962 por ‘Days of Wine and Roses’ con música de Henry Mancini y Johnny Mercer.

Un paseo por las nubes, de Alonso Arau (1992).

Después de regresar de la guerra, el joven soldado norteamericano Paul Sutton (Keanu Reeves) conoce de forma casual a una hermosa chica mexicana, Victoria (Aitana Sanchez-Gijon), quien teme volver a la viña de su familia debido a que está embarazada. Paul se ofrece a simular que son esposos y luego desaparecer quedando él como villano pero cuando la pasión entre ellos se enciende se dan cuenta de que están embarcandose en una aventura en la que tendrán que luchar contra todos para estar juntos.

Los amantes del vino disfrutarán en este film de cómo se realiza una vendimia manual, la fiesta de la misma y cómo hay que salir a socorrer un viñedo cuando es atacado por heladas que ponen en riesgo la producción y la calidad de las uvas.

Sangre y vino, de Bob Rafelson (1996).

Con su hijastro Jason, Alex Gates regenta una pequeña empresa de vinos de importación que abastece a la mayoría de los millonarios de un selecto barrio de Miami. Por motivos de trabajo, un día conoce a Gabriela, empleada doméstica de un acaudalado matrimonio que posee un valiosísimo collar de diamantes. Alex decide robar la joya y escapar de la ciudad con Gabriela, pero el destino le prepara una sorpresa que cambiará totalmente el curso de los acontecimientos.

Entre copas (Sideway), de Alexander Payne (2004).

Comedia dramática que narra la historia de dos cuarentones de personalidades opuestas. Miles, un divorciado deprimido, aspirante a escritor y apasionado del vino, propone a su viejo amigo Jack, un actor fracasado que está a punto de casarse, hacer un viaje para visitar viñedos y probar vinos antes de su boda. Forman una extraña pareja: Jack es un seductor; Miles, un pesimista. Jack pretende saborear sus últimos días de libertad, Miles sólo aspira a paladear un vino perfecto. Jack se conforma con un Merlot barato, Miles se muere por el perfecto Pinot.

Un buen año, de Ridley Scott (2006).

Un importante ejecutivo londinense odiado por todos debido a sus éxitos financieros recibe la noticia de que un tío suyo ha muerto. Como es el heredero más directo se convierte en el dueño de todo lo que su éste poseía: una gran casa en la Provenza francesa, rodeada de viñedos. Un lugar al que no va desde hace años, cuando siendo niño veraneaba allí mientras aprendía cosas valiosas con su tío.

Guerra de vinos (Bottle shock), de Randall Miller (2008).

Un británico que posee una tienda exclusiva de vinos en la capital francesa decide viajar a California para presentar los caldos del valle de Napa, donde según le han dicho, se obtiene un producto que puede competir sin complejos con el galo. Así descubre el Chateau Montelena.

Llegó a optar a varios Oscar gracias a su inteligente guión y a una magnífica interpretación. Como curiosidad, el título original ‘Bottle Shock’, responde al choque se lleva una botella de vino al ser traslada de un lugar a otro.

Tu seras mon fils de Gilles Legrand (2011).

Paul de Marseul (Niels Arestrup), dueño de un prestigioso viñedo en Saint Emilion, tiene un hijo, Martin (Lorànt Deutsch), que trabaja con él en la finca familiar. Pero Paul, enólogo exigente y apasionado, no soporta la idea de que su hijo pueda algún día sucederle. Él sueña con un hijo con más talento, más carismático.

Red Obsession de David Roach y Warwick Ross (2013).

Documental con entrevistas a enólogos, críticos y amantes del vino en un viaje de Burdeos a China. Durante siglos, Burdeos ha asumido un estatus mítico en el mundo del vino como hilo conductor de la riqueza, el poder y la influencia, pero su prosperidad siempre ha estado ligada a la naturaleza caprichosa de los mercados y las fortunas cambiantes de la economía mundial. Ahora el cambio está llegando a Burdeos, los clientes tradicionales, como los EE.UU. y el Reino Unido están desapareciendo, y los nuevos ricos de China empujando los precios a niveles estratosféricos. La demanda no tiene precedentes, pero el producto es finito y este nuevo cliente quiere todo.

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